Desde hace muchos años (ya casi no recuerdo cuántos) he pasado la Semana santa fuera de Granada. Siempre nos íbamos en viaje familiar a cualquier parte del mundo para evadir nuestros problemas por unos días.
Este año, sin embargo, no he podido disfrutar de vacaciones en estas fechas, así que me propuse que fuera ésta una semana cultural. Siempre me habían contado lo bonita e impresionante que es la Semana Santa granadina, con su Cristo de los Gitanos por la Cuesta del Chapiz o el Silencio por la Carrera del Darro... Así que me propuse ver todos y cada uno de los pasos en los sitios "recomendados".
En realidad, las procesiones nunca me han gustado. Cada paso que he visto en mi vida (siempre con alguna excepción) me ha producido un sentimiento de tristeza, pena o melancolía. Incluso cuando era pequeña, que me quedaba en casa de mi abuela y veía algunas procesiones desde el balcón, las ganas de llorar que me provocaba eran tan intensas que prefería esconderme. Y me gustaría aclarar que este sentimiento de tristeza no estaba unido al sentimiento religioso...
La cuestión es que he disfrutado de la cultura granadina al máximo. He visto un gran numero de pasos (no todos como me hubiera gustado) y he descubierto una Granada diferente. Me he vuelto a enamorar de mi ciudad, a la que tenia un poco olvidada (eclipsada por el encanto italiano), de sus barrios antiguos, de su Alhambra, de su gente... Pero también he aprendido que este sentimiento de tristeza no se pasa con los años.
Así pues, tengo claro que he disfrutado del momento, y no sé lo que me deparará la Semana Santa del año próximo, pero seguro que no será igual que esta.